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Concurso para Sant Jordi de relato corto

Recuerda hacerte seguidor de @concursitis para participar en todos los reglalos y muestras gratis.


En la Vanguardia hay un concurso narrativo para celebrar el día de Sant Jordi, el próximo domingo 23 de abril.

El periódico anima a los lectores a finalizar un relato iniciado por el periodista y escritor Sergi Pàmies. Hay que finalizarlo con un máximo de 250 caracteres, añadiéndo nuestro final como parte de los comentarios del artículos donde el escritor inicia la historia.

El concurso de relatos finaliza el domingo 23 de Abril a las 00:00 horas. El lunes un jurado escogerá los mejores relatos que serán publicados en la sección Sant Jordi de LaVanguardia.com y el autor del relato ganador recibirá un vale por valor de 100 euros para gastar en la FNAC.

Este concurso no se limita al azar y tampoco nos llevará 10 segundos apuntarnos, pero si alguien tiene ganas de abrir su lado creativo, os animamos a relajaros 10 minutos y dejar que la mente dicte qué escribir. Quizá consigas un resultado que ni tú mismo esperas. Nosotr@s nos hemos sentado, hemos leido el principio de la historia y escrito directamente lo primero que nos venía a la mente.

Después al leer todos los relatos es fácil darse cuenta de lo diversos que somos y cómo han funcionado el resto de las mentes.

Así que, si tenéis un rato, os recomendamos clicar en nuestro verde botón de Participar y dejaros llevar por la narrativa.

¡Mucha suerte a todos!

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3 comentarios

  1. Sandra

    Havia anat a parar a dins del tambor. Allò sí que era una altra dimensió, la dimensió desconeguda. Va veure un punt de lluny al final que brillava i s’hi va anar acostant, poc a poc, sense por. Pel camí va anar trobant una mica de tot: uns mitjons desaparellats, unes monedes de col·leccionista, i fins i tot una dentadura postissa!
    Llavors es va ajupir i va agafar allò que brillava tant. Quina sorpresa! Era un anell d’or i brillants! Ben segur que de la senyora de la casa, que en tenia tants que no se n’havia adonat que l’havia extraviat. Va començar a divagar, a pensar què en faria i si el podria revendre al mercat negre. Per fi podria fer aquell viatge pendent amb la seva dona, abans que aquella merda de malaltia se l’emportés per sempre.
    Però primer havia de trobar la manera de sortir d’allí. Va trobar dos botonets: un de blau i un de vermell. Quin havia de prémer? Va optar pel vermell i el bombo va començar a rodar. I ell a girar, com un hàmster atrapat a la seva roda. Fins quan hauria de córrer sens parar dins d’aquella andròmina? Potser tota l’eternitat, com aquells personatges mitològics castigats pels déus de l’univers… Si no aconseguia sortir d’allí, adéu als seus somnis. Què hauria passat si hagués premut el botó blau?

    • admin
      Author

      ¡¡¡Nos ha encantado Sandra!!! Para poder presentarlo en el concurso recuerda clickar sobre el botón verde de Participar y dejar en ese post de La Vanguardia, este mismo relato.
      Te deseamos toda la suerte.

  2. Sergio Morro

    Nada más ser succionado por la máquina, la mente del técnico entra en un bucle que le lleva indefectiblemente a tiempos remotos. “Fidel, no te acerques a la lavadora, o acabará engulliéndote”, le gritaba a voz en cuello su madre, con la sandalia del número 45 de su padre amenazante en lo alto. Él era un mocoso de apenas seis años, todavía sin grandes preguntas que hacerse, y desde que su madre le advirtió de las terribles consecuencias que podía tener intimar en exceso con la lavadora, no dejaba de sentir cierta fascinación hacia esa máquina diabólica. Se quedaba embobado viendo el tambor centrifugar, cambiando súbitamente de sentido. “¡Mamá, mamá, ahora va hacia atrás!”, le decía Fidel a su madre, extasiado ante el caótico movimiento de la ropa en plena simbiosis con el detergente y el suavizante. Su madre no daba crédito, no entendía como un niño se podía entretener mirando fijamente cómo la lavadora completaba todos los ciclos. “Fidel, haz algo de provecho. Coge un libro y lee. Las lavadoras no te van a traer el dinero a casa”, le decía su madre.
    Se había cumplido la profecía que le aterraba desde hacía siete años, cuando la crisis le obligó a resituarse en el mundo y buscarse la vida, primero como aprendiz y más tarde como oficial en el enrevesado arte de reparar electrodomésticos.

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